
El conjunto ‘perico’ remonta en Bilbao gracias a los tantos de Carlos Romero y Pere Milla, firmando su quinta victoria consecutiva para cerrar un 2025 de ensueño. El Athletic, que se adelantó por medio de Berenguer, paga muy caros sus errores defensivos y se despide del año fuera de Europa.
San Mamés bajó el telón de 2025 con una sensación térmica mucho más gélida que los grados que marcaba el termómetro. No fue por el frío diciembre bilbaíno, sino por el jarro de agua helada que supuso la visita del RCD Espanyol en esta decimoséptima jornada de LaLiga EA Sports. En un duelo que prometía ser la fiesta de despedida del año para los leones, el conjunto de Manolo González se disfrazó de Grinch para llevarse tres puntos de oro (1-2) que no solo confirman su etiqueta de equipo revelación, sino que les permiten comerse el turrón en puestos de Europa League y mirando descaradamente a la Champions.
El fútbol tiene estas cosas: puedes dominar, puedes empujar y puedes sentirte dueño del destino durante cuarenta minutos, pero si perdonas y regalas, la Navidad te trae carbón. El Athletic Club lo aprendió anoche de la forma más cruel posible. Los de Ernesto Valverde, que venían de caer en Balaídos, necesitaban un triunfo balsámico para no descolgarse de la pelea continental. Sin embargo, se encontraron con un Espanyol rocoso, cínico en el mejor sentido de la palabra y con una pegada letal que castigó la fragilidad defensiva rojiblanca en momentos psicológicos clave.
Un monólogo inicial con premio (y castigo)
El partido comenzó con el guion previsto. El Athletic, espoleado por una Catedral que presentaba una gran entrada pese a ser lunes, salió a morder. La presión alta de los leones asfixiaba la salida de balón de un Espanyol que, consciente de su inferioridad en el cuerpo a cuerpo físico, optó por replegarse y buscar a Tyrhys Dolan y Pere Milla en largo.
Los primeros treinta minutos fueron un monólogo rojiblanco. Sancet, moviéndose entre líneas con esa elegancia que le caracteriza, era un dolor de muelas para Pol Lozano y Gragera. Nico Williams, aunque menos explosivo que en otras noches, fijaba constantemente a su par, obligando al Espanyol a bascular demasiado y liberar el carril contrario. Fue precisamente por ahí, por donde aparecía un Álex Berenguer eléctrico, por donde el Athletic encontró el camino.
El gol, que se veía venir como la lluvia en Bilbao, llegó en el minuto 38. No fue una jugada de orfebrería, sino de insistencia. Una internada de Nico acabó en un barullo dentro del área; la defensa perica no acertó a despejar con contundencia y ahí, en ese hábitat donde los segundos valen oro, Berenguer fue el más listo de la clase. El navarro se anticipó a todos para fusilar la red y poner el 1-0. San Mamés rugía. El Athletic tenía el partido donde quería: ventaja en el marcador y sensación de superioridad total.
Pero el fútbol es un estado de ánimo y el Espanyol de esta temporada 2025/26 tiene una fe inquebrantable. Lejos de venirse abajo, el gol en contra despertó a los catalanes. O mejor dicho, adormeció al Athletic. En los minutos finales del primer acto, los locales bajaron una marcha, pensando quizás en el descanso. Grave error.
Corría el minuto 44, ese momento psicológico que tanto gusta a los entrenadores analizar, cuando una falta lateral mal defendida por los bilbaínos generó un rechace en la frontal. El balón, llovido del cielo, pedía ser controlado, pero Carlos Romero no estaba para trámites. El lateral, convertido anoche en extremo improvisado, empalmó una volea de interior antológica, ajustada al palo, imposible para un Unai Simón que solo pudo hacer la estatua. 1-1. Silencio en la grada y pitido final de la primera parte. El Athletic se iba a vestuarios con la sensación de haber perdido la cartera en su propia casa.
La segunda parte arrancó con la misma tónica de incertidumbre con la que acabó la primera. Valverde intentó ajustar piezas, pidiendo más intensidad a su línea defensiva, donde Adama Boiro ocupaba el lateral con la difícil tarea de sustituir a Yuri. Y fue ahí, en el eslabón más inexperto, donde se rompió la cadena.
Apenas se habían disputado siete minutos de la reanudación (52′) cuando ocurrió la jugada desgraciada del partido para los locales. Adama, en una salida de balón que parecía controlada, se durmió en los laureles. La presión asfixiante de Tyrhys Dolan, un fichaje que está rentabilizando cada euro el Espanyol, surtió efecto. El inglés robó la cartera al lateral, ganó línea de fondo y puso un centro raso, tenso, al corazón del área pequeña.
Allí apareció Pere Milla, el hombre de los goles importantes, para meter la puntera y enviar el balón al fondo de la red. En el remate, el delantero ilerdense chocó violentamente con Unai Simón, quedando ambos tendidos en el césped. El gol subió al marcador, el 1-2, pero Milla tuvo que ser sustituido poco después, visiblemente conmocionado pero con la satisfacción del deber cumplido. En un abrir y cerrar de ojos, el Athletic había pasado de dominar a verse obligado a una remontada épica.
A partir del 1-2, el partido cambió de escenario. El Espanyol, con el botín en el bolsillo, dio un paso atrás. Manolo González ordenó cerrar filas, montando un bloque bajo casi impenetrable. El Athletic, por su parte, entró en fase de ansiedad. Las prisas, esas malas consejeras, empezaron a aflorar en cada pase de Galarreta, en cada conducción de Sancet.
Valverde movió el banquillo buscando agitar el árbol. Entraron Guruzeta, buscando más presencia en área, y Unai Gómez, que curiosamente terminó jugando los últimos minutos como lateral izquierdo improvisado ante la desesperación táctica. El Athletic volcó el campo hacia la portería de Joan García (o Dmitrovic, según los tramos de la temporada, anoche héroe en la sombra), pero las ideas se apagaban en tres cuartos de campo.
El Espanyol se defendía como gato panza arriba. Cabrera y Calero (o los centrales de turno en la rotación perica) se hartaron de despejar balones aéreos. Nico Williams lo intentó por activa y por pasiva, pero siempre se encontró con ayudas defensivas constantes. El equipo catalán demostró por qué lleva cinco victorias seguidas: son un bloque solidario donde todos corren, todos muerden y nadie se cree más que nadie.
Los últimos diez minutos fueron un asedio estéril. Unai Gómez tuvo el empate en sus botas en el minuto 93, tras un barullo en el área, pero su remate se marchó lamiendo el poste derecho. Fue el último suspiro de un Athletic que murió en la orilla. También la tuvo Guruzeta en el 95, pero la defensa blanquiazul, ayer vestida de rosa (o su segunda equipación), sacó agua del barco con una solvencia propia de equipos grandes.
El pitido final del colegiado decretó mucho más que un simple resultado. Para el RCD Espanyol, este 1-2 es la confirmación de que su proyecto va muy en serio. Con 33 puntos, los pericos se acuestan en la quinta plaza, mirando de reojo los puestos de Champions League y abriendo una brecha considerable con sus perseguidores. Es el mejor Espanyol de las últimas décadas, un equipo que ha olvidado lo que es sufrir por la permanencia y que ahora disfruta compitiendo de tú a tú en escenarios míticos como San Mamés. La racha de cinco victorias consecutivas (la mejor desde 1999) habla por sí sola.
Para el Athletic Club, la derrota es un golpe durísimo. Es la segunda consecutiva en Liga y la tercera en San Mamés en lo que va de curso. Los leones se quedan anclados en la octava posición con 23 puntos, viendo cómo los puestos europeos se alejan a cinco o seis unidades. “El segundo gol nos ha pesado mucho”, admitía un cabizbajo Ernesto Valverde en sala de prensa. Y no le falta razón. El equipo acusa una fragilidad mental preocupante cuando los partidos se tuercen, y la baja de figuras clave en defensa empieza a notarse demasiado.
El parón navideño llega en momentos opuestos para ambos. El Espanyol brindará con cava, soñando con pasear su escudo por Europa en 2026. El Athletic, en cambio, tendrá unas navidades de reflexión profunda, obligado a resetear si no quiere que la temporada se convierta en una travesía por el desierto de la intrascendencia.
Anoche, en Bilbao, no llegó Olentzero con regalos para los locales. Llegó un Espanyol vestido de Papá Noel, pero que se llevó los tres puntos en el saco de vuelta a Barcelona.
Ficha Técnica con datos importantes del evento recopilados por Tiroalpalo:
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Athletic Club (1): Unai Simón; De Marcos, Vivian, Paredes, Adama Boiro; Galarreta, Prados; Iñaki Williams, Sancet, Nico Williams; Berenguer. (También jugaron: Guruzeta, Unai Gómez, Vesga).
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RCD Espanyol (2): Joan García/Dmitrovic; Omar, Calero, Cabrera, Carlos Romero; Gragera, Pol Lozano; Jofre, Kral, Aguado/Dolan; Pere Milla.
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Goles: 1-0, min. 38: Álex Berenguer. 1-1, min. 44: Carlos Romero. 1-2, min. 52: Pere Milla.
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Árbitro: Mostró tarjetas amarillas a Adama (ATH) y Pol Lozano (ESP).
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Incidencias: Partido correspondiente a la Jornada 17 de LaLiga EA Sports disputado en el Estadio de San Mamés ante unos 46.000 espectadores.