
La noche de Reyes suele ser mágica, una velada donde la ilusión flota en el aire y los deseos parecen estar al alcance de la mano.
Sin embargo, en el Nuevo Los Cármenes, sus majestades de Oriente decidieron dejar carbón. No fue un carbón dulce, de ese que se deshace en la boca con azúcar, sino del amargo, del que mancha y deja un regusto metálico. El Granada CF, que acarició la gloria durante 45 minutos, acabó sucumbiendo ante la lógica de la jerarquía y el fondo de armario de un Rayo Vallecano que, sin brillar en exceso, tiró de oficio para remontar (1-3) y sellar su pase a los octavos de final de la Copa del Rey.
Ayer, a las 19:00 horas, bajo un frío que calaba los huesos y ante una entrada desoladora —apenas 4.468 valientes que desafiaron las bajas temperaturas y los altos precios de las entradas en un día tan familiar—, se vivió un duelo de dos caras. La primera, la de un Granada joven y rebelde; la segunda, la de un Rayo que, cuando vio las orejas al lobo, sacó el rodillo de Primera División.
El Contexto: Un estadio semivacío y dos realidades
Antes de que el balón echara a rodar, la noticia estaba en la grada. O mejor dicho, en la ausencia de ella. La imagen de Los Cármenes presentaba un aspecto gélido, acorde con la meteorología pero impropio de una eliminatoria de Copa contra un rival de la máxima categoría. La protesta de la afición por la gestión y los precios, sumada a la festividad del Día de Reyes, dejó un escenario que parecía más un entrenamiento a puerta abierta que una fiesta del fútbol.
En lo deportivo, Pacheta, técnico del conjunto nazarí, optó por una revolución en el once. Con la mirada puesta en el verdadero objetivo de la temporada —el ascenso en LaLiga Hypermotion—, el burgalés alineó un equipo plagado de rotaciones, dando la alternativa a canteranos y minutos a los menos habituales. Nombres como Ander Astralaga en portería, Oscar Naasei, Diego Hormigo o el joven Sergio Rodelas asumieron la responsabilidad.
En el otro lado, el Rayo Vallecano, consciente de que la Copa es el camino más corto hacia la gloria (y hacia Europa), presentó un once mixto pero reconocible, con Cárdenas bajo palos y figuras como Trejo, Álvaro García y Gumbau de inicio.
Primera Parte: El sueño de los ‘niños’ de Pacheta
El pitido inicial de César Soto Grado dio paso a un guion inesperado. Lejos de amilanarse ante un Primera, el Granada salió con el cuchillo entre los dientes. La savia nueva nazarí inyectó una energía eléctrica al partido que sorprendió a un Rayo contemplativo, quizás todavía digiriendo el roscón.
El equipo local dominaba el ritmo, con un Manu Trigueros ejerciendo de maestro de ceremonias en la medular, poniendo la pausa y el criterio que los jóvenes necesitaban. El Rayo, espeso en la circulación y lento en el repliegue, no encontraba a Trejo ni conseguía activar a sus extremos.
La justicia poética llegó pronto, apenas en el minuto 9. Una jugada trenzada por la izquierda permitió a Pablo Sáenz, el más incisivo de los locales, cazar un rechace dentro del área tras una primera intervención de Dani Cárdenas. El navarro, con la caña preparada, no perdonó. El balón besó la red y el 1-0 subió al marcador. Era el regalo de Reyes anticipado para la hinchada rojiblanca.
El gol no despertó a la ‘Franja’, sino que envalentonó al Granada. Durante los siguientes 30 minutos, vimos la mejor versión de los locales. Sergio Rodelas era un puñal por banda, desbordando una y otra vez a un Pacha Espino que se veía superado por la velocidad del canterano. El Granada incluso tuvo el 2-0 en las botas de Bouldini tras un pase magistral de Trigueros que rompió líneas, pero la defensa rayista y Cárdenas, en dos tiempos, evitaron la catástrofe visitante.
Al descanso, la sensación era unánime: el ‘segunda’ estaba bailando al ‘primera’. El 1-0 se antojaba corto para los méritos de unos y los deméritos de otros. El Rayo se marchaba al vestuario con la cabeza baja, sabiendo que la bronca de su técnico sería monumental.
El Punto de Inflexión: La pizarra y el banquillo
El fútbol, cruel por naturaleza, a menudo se decide en los detalles y en la profundidad de plantilla. La segunda parte comenzó con el mismo once sobre el verde, pero con una actitud radicalmente distinta en los visitantes. El Rayo Vallecano salió a morder, presionando la salida de balón de un Granada que empezaba a notar el cansancio físico de la primera mitad.
La igualada no tardó en llegar, y fue el golpe de realidad que nadie en Granada quería recibir. Corría el minuto 49 cuando, tras un saque de esquina despejado por Rubén Alcaraz, el balón cayó en la frontal del área. Allí apareció Álvaro García, el alma de este Rayo. El utrerano controló, amagó con la zurda para limpiar la marca y soltó un latigazo con la derecha que se coló pegado al palo, haciendo inútil la estirada de Astralaga. 1-1. Vuelta a empezar.
El empate fue un mazazo psicológico para el joven equipo de Pacheta. Las piernas pesaban y la claridad mental se nublaba. Fue entonces cuando el técnico rayista decidió que no quería prórroga. Movió el banquillo con inteligencia y dio entrada a la artillería pesada: Isi Palazón, Jorge De Frutos y Óscar Valentín saltaron al campo en el 64′.
La diferencia de ritmo se hizo abismal. Isi y De Frutos empezaron a percutir por las bandas, obligando al Granada a recular y encerrarse en su propia área. El Granada, que había vivido en campo contrario en la primera mitad, ahora achicaba agua como podía.
El Desenlace: Un error, un golazo y la sentencia
El partido entró en su recta final con el Rayo dominando pero sin encontrar el hueco definitivo, hasta que apareció el talento individual… y quizás un error de bulto.
Minuto 74. El Rayo circulaba el balón en tres cuartos de campo. Pedro Díaz, que había estado gris en la primera parte pero creció en la segunda, recibió el esférico con espacio. Sin pensárselo dos veces, armó la pierna desde fuera del área. El disparo salió potente, sí, pero centrado y raso. Sin embargo, Astralaga, que hasta ese momento había estado correcto, no logró blocar el balón. El cuero se le escurrió por debajo del cuerpo, una acción desafortunada, “de mantequilla”, que supuso el 1-2.
El estadio enmudeció. El esfuerzo titánico de los chavales del Granada se desmoronaba por un fallo puntual. Fue el momento en el que el partido se rompió definitivamente. Pacheta intentó reaccionar dando entrada a Manu Lama y Jorge Pascual, buscando la heroica a la desesperada, pero el Rayo ya tenía la presa en la boca y no la iba a soltar.
Con el Granada volcado en ataque, dejando espacios kilométricos a su espalda, el Rayo sentenció en el tiempo de descuento. Ya en el 90+2′, Andrei Ratiu, el lateral rumano que es pura potencia, condujo una contra letal. En su intento de internada en el área, el defensor local Juanjo Flores, en un esfuerzo desesperado por cortar la jugada y evitar el remate, tuvo la mala fortuna de introducir el balón en su propia portería. 1-3. El árbitro pitó el final poco después.
Análisis Táctico y Nombres Propios
Granada CF: La dignidad de la unidad “B”
A pesar de la derrota, el granadinismo puede extraer notas positivas. La primera parte de Pablo Sáenz fue para enmarcar, demostrando que tiene fútbol para ser importante en Liga. Sergio Rodelas fue otro de los destacados, mostrando descaro y velocidad. Sin embargo, el equipo pagó cara su inexperiencia. La bajada de tensión al inicio de la segunda parte y el error de Astralaga son peajes que se pagan contra equipos de superior categoría. El sistema de Pacheta funcionó mientras duró la gasolina, pero la falta de recambios de garantías para mantener el nivel físico condenó al equipo.
Rayo Vallecano: El oficio del superviviente
El Rayo no jugó un partido brillante, pero sí inteligente. Supo sufrir cuando el Granada le pasó por encima y supo matar cuando olió la sangre. La entrada de Isi y De Frutos cambió la dinámica, ensanchando el campo y agotando a los laterales rivales. Mención especial para Pedro Díaz, cuyo gol, aunque con fortuna, fue decisivo para desbloquear un encuentro que se complicaba. El equipo de la franja demostró por qué está en Primera: pegada y saber estar.
Conclusión: La Liga es lo único que importa
Para el Granada, esta eliminación es un trago amargo por las formas (remontada y errores propios), pero quizás sea un alivio a largo plazo. Con la Copa fuera de la ecuación, el equipo puede centrar el 100% de sus esfuerzos en lo que realmente importa: salir del infierno de Segunda División. El próximo domingo 11 de enero, ante el CD Castellón, Los Cármenes volverá a abrir sus puertas, y allí no valdrán las excusas ni los “casi”.
El Rayo, por su parte, sigue soñando. La Copa del Rey tiene ese aura especial para los de Vallecas, y estar en el bombo de octavos permite a la afición franjirroja seguir creyendo que, tal vez, este año sí sea el año.
Al final, la noche de Reyes en Granada dejó una lección clara: en el fútbol de élite, los regalos se aceptan (como el gol de Sáenz), pero los errores se castigan con carbón. Y ayer, el saco del Rayo venía cargado.
Ficha Técnica del Encuentro
-
Competición: Copa del Rey (Dieciseisavos de final).
-
Fecha: 6 de enero de 2026.
-
Estadio: Nuevo Los Cármenes (Granada).
-
Asistencia: 4.468 espectadores.
Alineaciones:
-
Granada CF: Astralaga; Oscar Naasei, Diego Hormigo, Loïc Williams (Manu Lama, 79′), Juanjo Flores; Rubén Alcaraz, Gagnidze, Manu Trigueros; Sergio Rodelas, Pablo Sáenz, Bouldini.
-
Rayo Vallecano: Cárdenas; Ratiu, Lejeune, Jozhua, Pacha Espino; Gumbau (Óscar Valentín, 64′), Pedro Díaz, Fran Pérez (Isi, 64′), Carlos Martín (De Frutos, 64′); Trejo (Camello, 84′), Álvaro García (Pep Chavarría, 84′).
Goles:
-
1-0 (Min 9): Pablo Sáenz. Aprovecha un rechace de Cárdenas en el área pequeña.
-
1-1 (Min 49): Álvaro García. Derechazo ajustado desde la frontal tras un córner.
-
1-2 (Min 74): Pedro Díaz. Disparo lejano que se le escapa a Astralaga.
-
1-3 (Min 90+2): Juanjo Flores (P.P.). En propia puerta al intentar despejar una jugada de Ratiu.
Árbitro: César Soto Grado (Comité Riojano). Amonestó a Ratiu, Gumbau y Pacha Espino por parte del Rayo.