Saltar al contenido
TIROALPALO.ORG.ES | ▷ DIRECTOS ONLINE ✔️

El Barça se estrella contra la madera y la mística de Anoeta: LaLiga arde con el Madrid de Arbeloa al acecho

enero 18, 2026

La lluvia, ese acompañante sempiterno de las noches épicas en San Sebastián, caía con furia sobre el Reale Arena, como si el cielo quisiera participar en la tormenta futbolística que se estaba gestando sobre el verde.


En la víspera del día grande de la ciudad, con los redobles de la Tamborrada resonando en el alma de cada donostiarra, la Real Sociedad y el FC Barcelona ofrecieron un espectáculo vibrante, dramático y cruelmente injusto para los visitantes. El marcador final (2-1) narra la historia de una victoria de fe para los locales, pero esconde una tragedia griega para los de Hansi Flick: cuatro balones a la madera, un VAR milimétrico y una actuación consagratoria de Álex Remiro tumbaron al líder.

El resultado tiene una resonancia sísmica en la tabla clasificatoria. La racha inmaculada de nueve victorias consecutivas del conjunto azulgrana se ha disuelto entre los charcos de Anoeta, permitiendo que el Real Madrid, dirigido con mano de hierro por Álvaro Arbeloa, se coloque a un solo punto de la cima. LaLiga, que parecía teñirse de blaugrana hace apenas un mes, está ahora en un pañuelo.

Un preludio eléctrico y la batalla del VAR

El ambiente era ensordecedor. Con Xabier Anduaga, el tenor y flamante Tambor de Oro 2026, interpretando el himno <i>txuri-urdin</i> a capela, la piel de los 40.000 espectadores se erizó antes del pitido inicial. Esa energía se trasladó al césped de inmediato. Lejos de ser un partido de tanteo, el encuentro comenzó con las revoluciones al límite, propiciado por un césped rápido que convertía el balón en un proyectil.

Antes de que se cumpliera el minuto siete, el estadio ya había gritado gol dos veces, y dos veces el grito fue ahogado por la tecnología. Primero fue Mikel Oyarzabal, el eterno capitán, quien definió con clase, solo para ver cómo el juez de línea levantaba el banderín. Instantes después, en el área contraria, Fermín López celebraba un tanto que el VAR anularía minutos más tarde por una falta previa de Dani Olmo sobre Takefusa Kubo en el origen de la jugada. Fue un aviso a navegantes: en Anoeta no habría tregua.

Hansi Flick, obligado a redibujar su pizarra por la sensible baja de Raphinha —el motor ofensivo del equipo esta temporada—, optó por desplazar a Dani Olmo al flanco izquierdo y dar la batuta de la mediapunta a Fermín. La apuesta funcionó en la generación de juego, pero el equipo echó en falta la electricidad y el desborde del brasileño. En el bando contrario, Pellegrino Matarazzo, el arquitecto de esta nueva Real Sociedad, demostró por qué su llegada ha revitalizado al equipo. Con la inclusión de Beñat Turrientes por delante de Gorrotxategi, los locales lograron romper la primera línea de presión catalana, buscando constantemente la espalda de la adelantada defensa culé con balones largos y precisos.

El muro de Remiro y la volea del Capitán

A medida que el cronómetro avanzaba, el Barça impuso su jerarquía. Frenkie de Jong, imperial en la conducción, y un Lamine Yamal que sigue desafiando las leyes de la física, inclinaron el campo hacia la portería local. Lamine llegó a batir a Remiro antes de la media hora, pero nuevamente, la tecnología semiautomática dictó sentencia: fuera de juego por la punta de la bota.

El fútbol, caprichoso por naturaleza, castigó la falta de contundencia visitante. Cumplida la media hora, en una jugada aislada que nació de la persistencia de Gonçalo Guedes por banda izquierda, llegó el 1-0. El portugués sacó un centro tenso, medido, al corazón del área, donde apareció Mikel Oyarzabal. Con una técnica depurada, el ’10’ empalmó una volea perfecta que hizo inútil la estirada de Joan García. Anoeta estalló. Era ventaja en el marcador, que no en el juego.

Antes del descanso, la polémica volvió a servirse en plato frío. El colegiado extremeño Jesús Gil señaló el punto de penalti tras una entrada de Zubeldia sobre Lamine Yamal. Sin embargo, el VAR volvió a intervenir, detectando un fuera de juego previo del joven extremo catalán en el inicio de la acción. El 1-0 al descanso era un castigo severo para un Barça que había propuesto más, pero que se topaba con la realidad de un deporte que no entiende de merecimientos.

La maldición de los postes y la entrada de Rashford

El paso por vestuarios no enfrió el ímpetu culé; al contrario, lo encendió. Lo que sucedió en los primeros compases del segundo acto roza lo paranormal. En apenas tres minutos, Dani Olmo estrelló dos remates consecutivos en la madera. Primero el poste derecho, luego el travesaño. La portería de Remiro parecía protegida por un campo de fuerza invisible.

Viendo que el asedio no daba frutos, Flick movió el banquillo a falta de media hora con una triple sustitución de alto voltaje. Dio entrada a João Cancelo para ganar profundidad, y revolucionó el ataque con Robert Lewandowski y Marcus Rashford. La situación del polaco, cada día más lejos de renovar y relegado al rol de suplente de lujo, no le impidió mostrar su profesionalidad. Su primer contacto con el balón fue un cabezazo demoledor que Remiro, en la parada de la jornada, desvió con la yema de los dedos hacia el larguero. Tercer palo de la noche.

Pero tanto va el cántaro a la fuente que, finalmente, se rompió. En una jugada calcada a la anterior, Lamine Yamal frotó la lámpara y puso un centro de seda para la llegada de Marcus Rashford. El inglés, con el olfato de gol que le ha caracterizado desde su llegada a España, cabeceó a la red para poner el 1-1.

Con el empate, la inercia parecía inevitable: el Barça iría a por la décima victoria consecutiva. Pero esta Real de Matarazzo tiene una resiliencia de hierro, forjada en remontadas recientes como la de Copa ante Osasuna. Cuando peor lo pasaban los locales, apareció la calidad individual de sus fichajes.

Carlos Soler, omnipresente en la medular, se incorporó al ataque y conectó un cabezazo que Joan García logró desviar con una estirada felina. Sin embargo, el rechace cayó en las botas de Gonçalo Guedes. El luso, con la sangre fría de los elegidos, fusiló para poner el 2-1. Faltaban diez minutos y la locura se apoderaba de San Sebastián.

El tramo final fue un ejercicio de supervivencia local y desesperación visitante. El Barça se volcó con todo, descuidando la defensa y permitiendo contras que pudieron costar el 3-1, evitado milagrosamente por Cubarsí bajo palos tras una mala salida de García.

Pero el destino guardaba una última mueca cruel para los de Flick. En el tiempo de descuento, el Barça tuvo el empate dos veces más. Primero, un cabezazo de Koundé que hizo temblar el larguero. Y en la última jugada del partido, un córner lanzado directamente por Rashford con intención de gol olímpico se estrelló, por cuarta vez en la noche, contra el poste.

Con el pitido final, Anoeta celebró como si fuera un título. No solo ganaron un partido; ganaron una batalla psicológica. Para el Barça, la derrota deja heridas abiertas y una sensación de incredulidad. Jugaron bien, merecieron más, pero el fútbol es gol, y en la noche lluviosa de San Sebastián, los postes y la Real Sociedad jugaron en el mismo equipo. Ahora, con el Real Madrid de Arbeloa respirándoles en la nuca a solo un punto, LaLiga empieza de nuevo.

Ficha Técnica:

  • Real Sociedad (2): Remiro; Traoré, Zubeldia, Pacheco, Javi Galán; Turrientes, Carlos Soler, Brais Méndez; Kubo, Guedes y Oyarzabal. (Entrenador: P. Matarazzo).

  • FC Barcelona (1): Joan García; Koundé, Cubarsí, Araujo, Balde; De Jong, Gavi, Fermín; Lamine Yamal, Dani Olmo y Ferran Torres. (Cambios: Lewandowski, Rashford, Cancelo). (Entrenador: H. Flick).

  • Goles: 1-0 Oyarzabal (31′); 1-1 Rashford (74′); 2-1 Guedes (82′).

  • Incidencias: Partido correspondiente a la jornada 20 de LaLiga disputado en el Reale Arena ante 39.800 espectadores. Lluvia intensa.